martes, 30 de diciembre de 2014

Ud. tiene un problema


El sábado pasado, fui con un amigo al fitness studio. A las 10, 11 de la manana, no había nadie... quiero decir que había poca gente, como era de esperarse, después de la fiesta de Navidad ;)

Pasé por el lado de un gordo viejo y con un gran bigote blanco... Se veía como un árabe... Sentado en una máquina, sin hacer nada de ejercicio. Hablaba fuerte, más bien monologaba frente a un hombre igualmente anciano de pelo tenido que lo escuchaba... Era su público y la máquina era su escenario, desde el cual hablaba, gritaba a su público.

Se supone que en el fitness studio no se puede gritar y la gente se atiene a esa regla. En alguna parte del studio están anotadas todas las normas básicas de educación a las que nos debemos sujetar quienes hacemos ejercicios en el fitness studio. Por otra parte las reglas son bien de sentido común.

Me he dado cuenta que los ancianos, que van en masa en la manana, parece que no saben que no hay que hablar tan fuerte... Pero claro, es probable -posible- que no oigan bien.

El viejo gritaba usando un vocabulario típico de los grupos de extrema derecha racista que han surgido en Alemania durante los últimos doce meses...:











1 comentario:

kop_op dijo...

Sí Marta, se necesita tener valentía para [tratar de] corregir una conducta como ésa. Ninguna duda, pero quiero comentarte que lo que a mí más me frena para hacer algo así, es la experiencia de no recibir el apoyo de testigos del hecho.
Un ejemplo. En un ómnibus de larga distancia en la Argentina, le pedí al chofer que bajara un poco el volumen de la música, a lo que el muy descarado reaccionó preguntándome sarcásticamente "Ah, ¿no le gusta la música?" Y siguiendo con otra guarangada, se dio media vuelta hacia una pasajera en el primer asiento: "¿A usted no le gusta la música, señora?".
No bajó el volumen, sino que apagó el reproductor. Los demás 40 (?) pasajeros, quedaron calladitos. ¿Cobardía? -
Me tuve que contener para no bajar a su nivel, retrucándole una grosería semejante, y me limité a pedirle su nombre, para quejarme ante su empleador.

Otro episodio presencié que un auto estaba estacionando en una esquina. Un transeúnte le señaló que, además, estaba bloqueando una rampa para descapacitados. No querrás saber, Marta, qué le contestó el conductor, pero te lo voy a contar. ¿A VOS QUÉ TE IMPORTA? Sin gritar pero así de desafiante, en mayúsculas.
¿Qué actitud conviene tomar en esos casos?

¡Que 2015 te proporcione a tí y tu familia mucha salud y una generosa porción de felicidad!

Federico